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ImagenPor: Lali Hernandez

“Los hombres no lloran”, “El que llora es débil”; ¿apoco no hemos escuchado estas frases antes?, o mejor aún, alguno de nosotros en su momento lloro por dejar una relación fuera del tiempo de Dios o simplemente porque a tu pareja “se le acabo el amor” o por tener que dejar ir algún sueño que no era la voluntad de Dios y así puedo enumerar muchas otras cosas por las que muchas veces se nos pudo haber escapado una que otra lagrimita traicionera.

Les tengo una gran noticia ¡SE VALE LLORAR!, si lees bien; está permitido dar rienda suelta a las lagrimas de cocodrilo, y no eres el (la) único (a) créeme que todos hemos sido “llorones circunstanciales” y ¿Por qué circunstanciales? Como su nombre lo dice hay momentos en nuestras vidas en la que las circunstancias ameritan una que otra lagrima.

Como decía anteriormente no somos los únicos, en la biblia hay “llorones circunstanciales” (no es malo llorar, solo no exageren con el dramatismo telenovelero) daré algunos ejemplos:

En Génesis 22 Dios pone a prueba la fe de Abraham pidiéndole a su hijo; yo no creo que cuando Dios le dice “lo sacrificaras en holocausto” (Génesis 22:2) Abraham haya saltado de gozo y se haya puesto a danzar “remolineando”, verdad que no; yo me imagino a un Abraham triste incluso puedo hasta imaginar que lloro, Dios le pidió algo que el amaba tanto.

Y esto no solo se puede aplicar cuando Dios pide a los padres entregar a sus hijos sino cuando Dios nos pide que le entreguemos algo que amamos (una relación, un sueño, etc.)

Bueno pensaran algunos era Abraham y era débil, bien; otro ejemplo es JESUS, si nuestro Señor lloró, ¿queeeee? Jesús lloro, no puede ser, pues si.

Lloro por Jerusalén y estas lagrimas fueron de impotencia por ver a su pueblo tan lejos de Dios por falta del entendimiento sobre la visitación y por lo que acontecería sobre su amada Jerusalén (Luc. 19:41-44), Lloro por segunda vez; aunque en la definición del griego más bien se refiere a “lagrimeó” en compasión por la situación que sus amigos (por la gente que estaba viva llorando ante la tumba de Lázaro) estaban pasando (no por Lázaro) (Juan 11:1–45 )

Inclusive hasta se entristeció en el monte Getsemaní, Jesús estaba triste y angustiado a tal punto de morir, sudaba gotas de sangre la cuales habla de un gran shock físico… Mi alma está muy triste, hasta la muerte…” (Mateo 26:36-38).

Pero ambos no se quedaron llorando ni se quejaron sino que luego de llorar prosiguieron a la meta que Dios les tenía preparada, el problema no es si está bien llorar o no, sino en que haras luego de secar tus lagrimas, quejarte o confiar en Dios y proseguir a la meta como Abraham y Jesús lo hicieron.

No eres el (la) único (a) que pasa por circunstancias adversas o que tienes que dejar algo o alguien a quien amas pero si tu confianza esta en Dios por supuesto que lloraras pero ten el entendimiento de igual manera de porque Dios te pide ciertas cosas o ciertas relaciones y porque Dios permite ciertas pruebas para tu vida, Dios permite y nos pide todo aquello porque sabe que podemos darlo y porque sabe que podemos salir victoriosos de esas pruebas ( es obvio EL es nuestro Padre y si él es victorioso igual nosotros).

Y podría poner muchos otros ejemplos de personas de la biblia que lloraron por las circunstancias u otras situaciones, pero que no se conformaron con solo llorar sino que se levantaron y estuvieron firmes en Dios (“Permaneced, pues, firmes,…” Efesios 6:14) e hicieron su parte dentro del reino de Dios y hoy sus nombres y los prodigios que Dios hizo a través de ellos están inmortalizados en la biblia.

Ahora bien no está mal ser llorones circunstanciales pero levantémonos en fortaleza, confianza, fe y amor en Dios porque si amas confías si confías hay fe y si hay fe te fortaleces.

Así que la próxima vez que te digan “débil” por llorar recuerda que “Tres veces le he pedido a Dios que me quite este sufrimiento, pero Dios me ha contestado: «Mi amor es todo lo que necesitas. Mi poder se muestra en la debilidad.» Por eso, prefiero sentirme orgulloso de mi debilidad, para que el poder de Cristo se muestre en mí. Me alegro de ser débil, de ser insultado y perseguido, y de tener necesidades y dificultades por ser fiel a Cristo. Pues lo que me hace fuerte es reconocer que soy débil”. 2 de corintios 12:8-10

SE VALE LLORAR O NO, PERO PROSEGUIR A LA META NO ES OPCIONAL!!!

Dios te Bendiga!!!

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